lunes, 20 de julio de 2009

El perezoso y la elefanta blanca


Una lectura sobre un cuento de Felisberto Hernández, escrito en la década del 50, "La casa inundada" creemos que es un cuento que no se puede dejar de leer.


Ya desde las primeras palabras el narrador-autor nos señala el ingreso a un mundo de predominio subjetivo: “De esos días siempre recuerdo…”. A la disposición de los recuerdos debe sumársele el escenario de agua, una casa que su dueña - la señora Margarita- mando a inundar. Casa donde el narrador se dispone a escuchar la historia que ésta tiene para contarle.

El cuerpo de Margarita, grueso, inmenso y desbordante fluye en el agua como una metáfora del relato, donde las cosas y demás seres vivos -“… la otredad vertiginosa…” como escribió Cortázar en su prólogo a La casa inundada- son sujetos de experiencias susceptibles, y donde cada uno – los personajes, las cosas, las plantas, etc.- tiene algo que decir. Como señala el narrador “… las cosas se miraban entre ellas como para rechazarme”.

Dicotomía extraña, del cuerpo de Margarita se desprenden dos señoras tan reales como las preferencias del narrador: “... y si ahora dejo libre mi memoria se me va con esta primera señora Margarita; porque la segunda, la verdadera,… tuvo una manera extraña de ser inaccesible.” Él prefiere a la primera señora porque es a la que tiene acceso; y este acceso es posible porque esta señora es producto de una serie de “sospechas” que él carga sobre un cuerpo del que solo conoce su parte material. La otra señora “… la verdadera…” la que “… estaba llena de una sublimidad extraña” es una mujer excéntrica que ha encontrado en el agua un lugar donde contemplar y cultivar sus pensamientos y recuerdos.

A su vez la señora Margarita ha hecho su propia construcción mental del protagonista de acuerdo a los cuentos que ha leído de éste, “Usted no es como yo lo imaginaba… siempre me pasa eso. Me costará mucho acomodar sus cuentos a su cara.” El narrador es un escritor de perfil abúlico, un perezoso, un “sonámbulo de confianza”, que se siente profundamente atraído por Margarita. Atracción que rodea como una sombra el marido muerto de la señora, y que a su vez jamás logra concretarse. Deseo que el narrador inequívocamente siente por “su” señora Margarita; la otra, la inaccesible, el narrador sabe que jamás la encontrara “plenamente”.

Atmósfera de ensueño, el recorrido del narrador por cada momento en el que ha estado en la casa es una confusa disposición de pensamientos y recuerdos; detrás de cada cosa parece esconderse la revelación de un misterio que nunca logra articularse. Las budineras con velas encendidas, ceremonias rituales que la señora brinda al agua -su “velorio” como cree su sirvienta-, es un ejemplo de los límites donde lo real y lo imaginario se entremezclan, mientras el narrador jamás se extraña ante situaciones que injustamente podríamos llamar absurdas.

Considerado por Cortázar en un su prólogo como “un increíble enriquecimiento de la realidad total” este cuento de Felisberto Hernández nos abre las puertas a aquel mundo desconocido que negamos día a día y que esta ahí al alcance de nuestras manos.

Guido Kalle Angelillo. LEE EL CUENTO AQUI

1 comentario:

el seductor zarathustra dijo...

muy bueno loco zarpado.que grande margaritaaaa.esta no es stolbizer no?jijiiii.es un cuento fantastico.muy bueno.hiciste una interpretacion muy cinematografica.si que seria loca la peli pero bue jaaaa.te hace encantar con la mujer,con el tipo.con los recuerdos con los demas personajes.10(diez).por mas publicaciones.un abrazo